Cultura

Lengua

El único idioma que cuenta con reconocimiento legal a nivel nacional en la Argentina es el castellano. Si bien la Constitución Nacional establece como función del Congreso Nacional "reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos", no se les ha reconocido la oficialidad de sus lenguas aún.

El castellano fue traído por los conquistadores españoles y sufrió los cambios propios de la convivencia con los pueblos indígenas nativos que lo enriquecieron, especialmente en sus aspectos lexicales. Las sucesivas oleadas inmigratorias ocurridas durante el siglo XIX y los primeros años del XX también hicieron su aporte a la lengua de los argentinos.

Las lenguas aborígenes se mantienen en diversas regiones, sobre todo en las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa, donde las distintas varantes de las lenguas guaraníes son hablados o conocidos por un número importante de habitantes. En Corrientes, en donde se habla el dialecto guaraní correntino, se decretó en 2004 la cooficialidad de la lengua guaraní y su uso obligatorio en la enseñanza y gobierno, aunque este decreto aún no se ha reglamentado. El guaraní, el quechua y el aimara pueden ser oídos también en la periferia de las grandes ciudades, producto de las migraciones internas y de países como Paraguay, Perú y Bolivia. Las ciudades con mayor número de hablantes de quechua o quichua y aimara son San Salvador de Jujuy, Salta, La Quiaca, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, Córdoba, Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

>>Infografía Lenguas indígenas de la Argentina actual, CD9 Colección Educ.ar, Datos e Infografías

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Las diferencias dialectales existentes en el territorio, lejos de dificultar la comunicación, la enriquecen. El lunfardo, por ejemplo, es una forma dialectal nacida en Buenos Aires, fuertemente influida por las lenguas de los inmigrantes; sobre todo por dialectos del italiano (lunfardo deriva de la palabra lombardo), pero también del portugués, el gallego, el francés, el inglés y el yidis, que le proveyeron elementos léxicos y sintácticos, así como la pronunciación típica del castellano rioplatense. El lunfardo ha ejercido una gran influencia en el habla informal de todo el país a través de su uso en las letras de tango y en la poesía porteña.

Existe una Academia Argentina de Letras, fundada en 1931, que desde 1952 colabora regularmente con la Real Academia Española para el registro de las variantes lingüísticas locales.

> Más sobre quechua, guaraní y mapuche: Programa de Lenguas Originarias, Centro Universitario de Idiomas

 

Otras expresiones culturales

Influencias europeas se entremezclan en el arte, la arquitectura y el estilo de vida de los argentinos. La Argentina es muy rica en expresiones culturales; su producción artística se encuentra entre las más importantes de Sudamérica, junto con las de México y Brasil. La literatura, la música en sus diversas vertientes -tango, folclore, rock- , el teatro, el periodismo son formas que acompañaron a lo largo de siglos al desarrollo de la Argentina y la vida cotidiana de sus ciudadanos. Nombres como Borges y Cortázar, Gardel y Atahualpa Yupanqui, forman parte del hablar cotidiano de muchos argentinos.

Se puede leer más sobre las siguientes expresiones, siguiendo los enlaces:

Artes plásticas

Los artistas argentinos se apoyan en una larga y sólida tradición cultural. En la década de 1920, Xul Solar y Emilio Pettoruti volvieron de Europa trayendo la poética del surrealismo y del cubismo. La obra del primero es una síntesis donde el tarot, la astrología, la cábala judía y la mística, se conjugan en un mundo de utopías y sueños.

Antonio Berni es el más popular de los artistas argentinos. Es, en la plástica, elLos Desocupados, de Antonio BerniLos Desocupados, de Antonio Berni equivalente de Jorge Luis Borges en la literatura. Y la comparación no es errónea si consideramos que fue el creador de la saga de Ramona Montiel y Juanito Laguna, dos personajes marginados por la sociedad de consumo, que tratan de sobrevivir en un mundo que los ignora.

En la década del sesenta, el Grupo de la Neofiguración, integrado por Ernesto Deira, Luis F. Noé, Jorge de la Vega y Rómulo Macció inició una época fecunda que alcanzaría su punto más alto con la creación del Instituto Di Tella, un lugar mítico en la memoria de los artistas argentinos, especialmente por la riqueza de las experimentaciones allí realizadas. Hoy son muchos los artistas que se destacan por su trabajo, entre ellos, Nicolás García Uriburu cuya obra va de la mano con la militancia ecologista; Víctor Grippo, reconocido internacionalmente por sus aportes al arte conceptual a partir de un elemento comestible oriundo de estas tierras, la papa; y Alfredo Portillos que, con una obra enraizada en los mitos populares religiosos de Latinoamérica, habla del despertar de la conciencia del ser humano.

 

Circuito artístico

Si bien existen museos y centros culturales diseminados en todo el país, la mayor parte de la actividad se concentra en la ciudad de Buenos Aires.

El Museo Nacional de Bellas Artes abrió sus puertas en 1896 y posee una importante colección que abarca, entre otras cosas, una pinacoteca europea con la presencia de importantes personalidades como Rembrandt o Van Gogh.
El MNBA también es el mejor lugar para hacer un recorrido por la historia del arte argentino, comenzando por los primeros artistas viajeros que vinieron a explorar estas tierras, el academicismo europeo, las estribaciones del impresionismo en la figura de Fernando Fader y los agitados movimientos de las vanguardias del siglo XX.

Muy cerca de este museo, en el Centro Cultural Recoleta, se puede verificar el estado actual de las artes plásticas locales, especialmente en sus formas más contemporáneas, como el objeto, la instalación y las artes performáticas. En las salas de lo que antes fue un asilo de ancianos, se conjugan hoy las últimas tendencias de la fotografía, la historieta, el teatro visual y todas las expresiones que constituyen la actualidad del arte.

Casi todos los edificios que funcionan hoy como museos o centros culturales están reciclados, como el Palais de Glace, una exquisita arquitectura de planta circular que fue pista de patinaje sobre hielo y sala para bailar tangos.

 

El MALBA de Buenos AiresEl único edificio que hasta la fecha fue originalmente concebido como museo es el del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), que abrió sus puertas a principios de 2001 a instancias de Eduardo Costantini, un importante coleccionista local y que hoy cuenta con una interesante agenda cultural.

 

 

Mercado de Arte

Además de las instituciones museísticas, Buenos Aires cuenta con numerosas galerías de arte, como la de Ruth Benzacar –ubicada cerca de Plaza San Martín. En la calle Arroyo se concentran las galerías dirigidas a un público más tradicional.

El mercado de arte se está reactivando poco a poco. En 1999 se registraron ventas por 12,37 millones de dólares, aunque esta cifra decreció al año siguiente.

ArteBA, la Feria de Arte de Buenos Aires, convoca año a año más y más público. Se trata de un importante termómetro de ventas, y a la vez se ha convertido, junto con la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en el evento anual más importante del espectáculo cultural.

En los barrios de La Boca, San Telmo y Palermo Viejo se concentra la mayor cantidad de talleres de artistas.

En las calles adoquinas de San Telmo, se pueden visitar sorprendentes negocios de anticuarios; Palermo se ha convertido en un centro de atracción para los jóvenes diseñadores de ropa y objetos y la Boca se está transformando lentamente a partir de la presencia de Proa, una fundación que apoya las artes plásticas con la importación de exhibiciones internacionales y la producción local de muestras de primer nivel.

Rosario, Tucumán, Córdoba, Mendoza y La Plata son las ciudades del interior que registran mayor actividad cultural. Cuentan con escuelas de arte, museos y centros culturales donde se concentra la actividad artística.

Cocina argentina

Cocina

La cocina argentina es el resultado de una síntesis, producto del aporte de los platos europeos pertenecientes a las distintas corrientes migratorias, sazonados y combinados con alimentos propios del suelo nativo.


Forman parte de la gastronomía criolla el asado con cuero, el locro, la carbonada, la humita, el mote, el tamal, la chanfaina, las empanadas, el chipá, la mazamorra, el dulce de leche, el arrope, la yema quemada, el quesillo de cabra con miel de caña y una variedad de dulces regionales. La infusión característica es el mate –compartido con sus vecinos latinoamericanos del Sur– preferentemente “verde” o “cimarrón” (amargo), con sus variantes: dulce, cocido, de leche y “tereré”. Las bebidas tradicionales, en tanto, son el vino patero, la aloja y la chicha (estas últimas en las provincias del Noroeste).

 

Enlaces de interés:

Cocina ecléctica de Juana Manuela Gorriti

http://www.clarin.com/pbda/miscelanea/cocina_eclectica/cocina_00indice.htm

 

Dulce de leche

Aunque es más fácil y rápido comprarlo en un almacén o supermercado, es mucho más rico el dulce de leche casero.

INGREDIENTES:

4 litros de leche
1 kilo 100 gs de azúcar
1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio (de cocina, para dar color)
Una chaucha de vainilla (Opcional)

PREPARACIÓN:

Colocar todos los ingredientes en un recipiente grande, preferentemente de cobre o aluminio, a fuego fuerte.

Tener especial cuidado al romper el primer hervor, revolver y evitar que se derrame.

Dejar hervir durante unas horas, hasta que tome color y comience a espesar, bajar el fuego al mínimo revolviendo cada tanto con una cuchara de madera.

Cuando al sacar un poquito en un plato, y dividirlo por la mitad con una cuchara, no se unen las partes, está hecho.

Al sacarlo del fuego, continuar revolviendo durante un rato hasta que pierda un poco de temperatura pues de lo contrario, se puede cortar. Al retirarlo del fuego, y mientras se revuelve, se puede apoyar el recipiente sobre agua fría para ayudar a entibiar más rápido.

Mate

el mateel mateEsta infusión fue utilizada originariamente por los indios guaraníes, quienes utilizaban la yerba mate. Los Jesuitas, que se establecieron en la zona que hoy ocupa la provincia de Misiones, mejoraron su cultivo, por lo que allí se ubican los mejores yerbatales.

Actualmente la yerba (hoja de yerba mate picada) se puede adquirir en paquetes de 1/2 y 1 kilo, y en la región productora, fraccionada en bolsitas.

 

El recipiente en el que se ceba el mate, es el "mate", que puede ser el tradicional, hecho de calabaza curada, o un jarrito de loza o enlozado, o madera. La infusión se toma con bombilla, y se puede cebar dulce o amargo. El recipiente que contiene el agua para la cebadura es la pava, cuya agua se considera "a punto" unos grados anteriores a la ebullición. Si el agua hierve, no sirve para el mate. Esta costumbre es bien hogareña en Argentina, aunque se ha popularizado, y actualmente hay lugares en donde se usan termos, para trasladarse con el equipo de mate, para tomarlo en cualquier lugar u ocasión.

 

Fuente: www.redargentina.com

Pasteles criollos

INGREDIENTES:  

            3/4 kilo de harina

            1 huevo

            1 yema

            1 taza de salmuera tibiagrasa (o margarina vegetal)

            dulce para rellenar

PREPARACIÓN:

Se pone sobre la mesa la harina y en el medio se le hace un hueco, se le agrega, el huevo, la yema, la taza de salmuera tibia y 4 cucharadas de grasa blanda o derretida y apenas tibia (o margarina). Se hace una masa más bien blanda, se espolvorea con harina y se extiende con palote hasta que quede bien fina. Se unta con margarina derretida la masa, se espolvorea con harina se dobla, se unta con margarina derretida  y se espolvorea nuevamente y se estira con palote. Se cortan los pasteles cuadrados, se les pone el relleno de dulce (preferentemente de membrillo) en el medio, rodeándolo de un poquito de humedad (pasando un dedo húmedo en agua, para hacer que se peguen bien) y se tapan con otra lámina. Se realiza la forma del pastel, haciendo un fuerte pellizco en la mitad de cada lado de las dos tapas unidas, esto en los cuatro lados. Se fríen con grasa bien caliente.

Tortas fritas

INGREDIENTES:

4 tazas de harina común
1 taza de grasa
3/4 cucharadita de sal
1 huevo batido
2 o 3 cucharadas de agua, o la necesaria
Grasa para freír
Azúcar común para espolvorear
 

Preparación 

Mezclar la harina con la grasa y la sal. Agregar el huevo batido con las tres cucharadas de agua, hasta formar una masa blanda y lisa. Dejar descansar el bollo una media hora. Hacer luego pequeños bollitos, los que se estiran con el palote o con las manos, formando tortitas en forma circular u ovalada de medio centímetro de espesor.

Realizar con los dedos 4 o 5 agujeritos espaciados en cada torta y poner a freír en abundante grasa muy caliente. Deben quedar algo doradas y muy tiernas, ni crocantes ni rígidas. Espolvorearlas con azúcar luego de sacar del recipiente en que se fríen, no sin antes apoyarlas un momento sobre papel absorbente, para escurrir restos de grasa.

Fuente: www.redargentina.com

Música de Argentina

Música

Conviven en el país dos géneros musicales típicos, como representantes de dos regiones diferentes: el tango, más representativo de la ciudad de Buenos Aires que del resto del país, se ha convertido en el símbolo musical de los argentinos en el extranjero. Hoy en día es una música de culto que tiene fieles seguidores, aunque no sea escuchada habitualmente por el gran público.

El folclore es más representativo del interior del país y tiene como principales exponentes a Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Los Nocheros, Soledad, entre otros. El cuarteto y la cumbia, originados en la provincia de Córdoba, han comenzado a ocupar en los últimos años un espacio importante dentro de la música nacional.

Fuera del ámbito de los géneros tradicionales, encontramos al rock y al pop, representados por los ya emblematicos Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez y también por Gustavo Ceratti (ex Soda Stereo), Diego Torres, entre otros.

Folclore

Así como el país se divide en diferentes regiones de acuerdo a sus más importantes rasgos geográficos y climáticos, también en relación con lo cultural y en particular al folclore, pueden identificarse distintas zonas, cada una de ellas con características propias.

De este modo se construye el mapa del folclore argentino, un mapa cuyas divisones no respetan los límites geográficos.

Atahualpa: la casa de Atahualpa y un retrato del músicoAtahualpa: la casa de Atahualpa y un retrato del músico

 

Aunque en la actualidad prácticamente no existe la creación colectiva que era común en el pasado, se pueden encontrar en su lugar creadores individuales, que obviamente atribuyen algo de su personalidad a la obra. Pero de cualquier modo, no se puede obviar o ignorar el factor común que agrupa a varios de ellos, ya que cuestiones ineludibles, como la tradición del lugar donde viven, e incluso su geografía, llegan a imponerse en las producciones de los artistas de un modo más que notorio.

Tango
Indudablemente el tango ocupa un lugar de privilegio en la representatividad de lo argentino en el exterior. Si bien, básicamente, se lo reconoce en tanto danza y música cantable; el tango además contiene un lenguaje particular -el lunfardo-, usos y costumbres determinados y hasta una filosofía característica que identifica a su gente.GardelGardel

El nacimiento del tango se produjo hacia mediados del siglo pasado, con la formación de conglomerados habitacionales alrededor de la joven ciudad de Buenos Aires. Quienes allí vivían, paisanos llegados del interior, inmigrantes europeos y algunos porteños de escasos recursos, formaron una nueva clase social para la época. Quizás en busca de un modo de identificarse como grupo y de sentir al nuevo hogar como lugar de pertenencia, comenzaron a crearse manifestaciones culturales resultantes de esta mezcla. Este fue el principio del tango, que se caracterizó por poseer códigos muy cerrados, sólo abordables por estas clases trabajadoras.

Debido a esta imposibilidad de comprensión de parte de otros públicos, la difusión del tango fue complicada, y estuvo abordada básicamente a partir de la danza, que fue casi premonitoria al tango mismo en su modo musical más característico (ni qué hablar del tango cantado que llegó bastante después). Es claro que la cultura tanguera, entendida como usos y costumbres particulares, es anterior al tango como manifestación artística. Las danzas de salón que involucraban a una mujer y un hombre abrazados fueron el precedente de este género que se fue depurando hasta la actualidad. Su temática se refiere siempre al hombre común y sus problemas, la ciudad y los recuerdos. De este modo un tango se convierte en un retrato de Buenos Aires y su gente. Seguramente por eso, porque en cada canción viaja lo mejor de la cultura porteña, el tango se ganó un espacio en el exterior.

Asumiendo el riesgo de graves omisiones, se puede decir que entre los tangos más reconocidos mundialmente se cuentan: La cumparsita, El choclo, El entrerriano, Quejas de bandoneón, A fuego lento, La yumba, Uno, Milongueando en el '40, Danzarín, Verano porteño, Adiós nonino, etc.

En cuanto a músicos, podemos mencionar, entre otros, a Armando Pontier, Osvaldo Pugliese, Anibal Troilo, Julio de Caro, Horacio Salgán, Mariano Mores, Astor Piazzolla y muchos otros. Entre los poetas letristas se destacan: Homero Manzi, Alfredo Le Pera, Celedonio Flores, Homero Expósito, Horacio Ferrer, Cátulo Castillo y Pascual Contursi de una larga lista.

 

Teatro

 

Teatro colonial

El teatro llegó a estas tierras de la mano de los conquistadores y misioneros españoles. Lope de Vega y Calderón fueron los autores más representados, ya que gozaban de prestigio en la metrópoli. Al mismo tiempo florecía el teatro de catequesis, impulsado por los religiosos.

A principios del siglo XVIII ya se había perfilado un público para el teatro de entretenimiento. En 1783, el virrey Juan José Vértiz autorizó el funcionamiento de la primera casa de comedias, conocida como Teatro de la Ranchería que funcionó en un galpón de techo de paja, habilitado hasta que se construyera un recinto definitivo, proyecto que nunca llegó a concretarse. Allí debutó en 1788 la actriz María Mercedes González y Benavídez, viuda y madre de tres hijos, quien debió recurrir a la justicia para poder ganarse el pan sobre las tablas, en función de la férrea oposición paterna. Allí también se estrenó un domingo de carnaval de 1789 la loa La Inclusa y el drama principal en cinco actos Siripo, del poeta y periodista Manuel José de Lavardén, cuyo texto hoy perdido es considerado el comienzo del teatro culto nativo. De la misma época data una pieza considerada fundacional de la vertiente más popular de la escena nativa: El Amor de la Estanciera, sainete de autor anónimo y de ambientación campesina. En 1792 un incendio determinó el cierre del recinto.

 

Teatro de la Emancipación

El 1º de mayo de 1804, se inauguró una nueva sala: el Coliseo Provisional.

Tras la Revolución de Mayo, el repertorio español fue dejado de lado –a excepción de Leandro Fernández de Moratín y El Sí de las Niñas– y se impuso el gusto francés, donde brillaba Molière.

En el segundo aniversario de la Revolución, se estrenó allí "El 25 de Mayo o El Himno de la Libertad" de Luis Ambrosio Morante. También subió a escena el sainete "El Detalle de la Acción de Maipú", de autor desconocido, que dramatizaba el parte de San Martín a Pueyrredón anunciándole la victoria. Pero el énfasis rebelde de la época lo marcó el estreno de Túpac Amaru, tragedia en verso atribuida a Morante, convertido también en actor, apuntador y director, que daba cuenta de la revolución indígena de 1870 en el Alto Perú.

La época de Rosas

Durante el gobierno  de Juan Manuel de Rosas se levantaron el Teatro de la Victoria, el del Buen Orden y el de La Federación; sin embargo, ello no implicó el fortalecimiento de una dramaturgia propia, ya que se llevaban a escena variedades, espectáculos circenses y melodramas. Proliferó el teatro propagandístico y la mejor expresión de estos años fue el "Don Tadeo" de Claudio Mamerto Cuenca. Los autores que optaron por el exilio (José Mármol, Bartolomé Mitre, Pedro Echagüe) poco aportaron a la escena nacional. La excepción fue Juan Bautista Alberdi, quien prefiguró el grotesco en la dramaturgia argentina con "El Gigante Amapolas" y sentó además las bases para la crítica teatral desde las páginas de la revista La Moda.

La Organización Nacional y el fin de siglo

En los años posteriores a la batalla de Caseros, las compañías europeas frecuentaron el país con un repertorio prolijo y cuidado que abarcaba diversas especies dramáticas y de la lírica, aunque con poco espacio para los autores nacionales. Martín Coronado (La Piedra del Escándalo; Parientes Pobres) sólo era representado por elencos españoles y Nicolás Granada (¡Al Campo!; Atahualpa) hubo de traducir sus obras al italiano para montarlas en escena. Faltaba pues, la compañía nativa para la dramaturgia nacional. Y llegó de la mano del circo criollo.

Éste, también introducido por compañías europeas, gozaba de gran aceptación popular. El primer artista nacional del género fue Sebastián Suárez, quien levantó su carpa con bolsas de arpillera, iluminándola con tela embebida en grasa combustible de viejos envases. Se trató del Circo Flor América, donde actuaba vestido de forma estrafalaria y con el rostro pintado. Sin embargo, la gran figura fundadora de la arena autóctona fue José “Pepe” Podestá, creador del payaso Pepino el 88, quien desarrolló y dirigió la puesta de la pantomima basada en la novela Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez. Estrenada con parlamentos en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, en 1866, dio nacimiento al verdadero circo criollo que comenzó a recorrer los caminos del país. Con los años, Pepe se quedó con el repertorio gauchesco (que incluía lenguaje y ambientación rural combinados con danzas folklóricas), variedad que se cerró en 1896 con Calandria de Martiniano Leguizamón.

La inmigración, por su parte, había traído consigo el auge del sainete español, origen del sainete criollo, testigo de los conflictos urbanos que planteaba la nueva realidad circundante: conventillos, calles, cafés, se convirtieron en centro de la escena. Autores como Nemesio Trejo (Los Políticos), Carlos M. Pacheco (Los Disfrazados) o Enrique García Velloso (Gabino el Mayoral) dieron los primeros pasos en el denominado “género chico”, que pasando por Alberto Vacarezza (Los Escrushantes, El Conventillo de la Paloma) concluirá bien entrado el siglo XX en el grotesco de Armando Discépolo (Mustafá, Muñeca, Stéfano).

El Nuevo siglo

Los comienzos del siglo XX inauguran la época de oro, donde brillaron los nombres de Roberto J. Payró (Sobre las Ruinas; Marco Severi), Florencio Sánchez (Nuestros Hijos; En Familia) y Gregorio de Laferrere (¡Jettatore!; Las de Barranco), quienes dieron gran impulso a la actividad escénica, basados en una estética costumbrista de alto impacto en el público.

El gran hito se produjo en 1930, cuando Leónidas Barletta fundó el Teatro del Pueblo, piedra fundamental del movimiento independiente, ubicado en las antípodas de lo comercial. La iniciativa tuvo su período más fructífero entre 1937 y 1943, con un repertorio universal que no descuidaba la producción de autores nacionales como Roberto Arlt (Saverio el Cruel; 300 Millones; La Isla Desierta), Raúl González Tuñón (El Descosido; La Cueva Caliente), Álvaro Yunque (La Muerte es Hermosa y Blanca; Los Cínicos) y Nicolás Olivari (Un Auxilio en la 34).

La década del 40 se caracterizó por la afirmación del teatro independiente y la proliferación del vocacional. Además de Barletta, cabe citar elencos como La Máscara y el Grupo Juan B. Justo. Nuevos dramaturgos como Andrés Lizarraga (Tres Jueces para un Largo Silencio; Alto Perú), Agustín Cuzzani (Una Libra de Carne; El Centrofoward Murió al Amanecer) o Aurelio Ferreti (La Multitud; Fidela) estrenaron sus primeras obras. Se afianzó también el teatro de títeres, con la producción de Javier Villafañe (Títeres de La Andariega) y Mané Bernardo (Títeres: Magia del Teatro), que luego continuarán Ariel Bufano (Carrusel Titiritero) o Sarah Bianchi (Títeres para Niños).

La Consolidación del Teatro Independiente

Una segunda etapa del teatro independiente se desarrolló en los umbrales de los años 50. A la entrega de la primera época, se agregó el afán de capacitación, estudio y formación por parte de actores, directores y dramaturgos. Los nuevos elencos: Teatro Popular Fray Mocho, dirigido por Oscar Ferrigno; Nuevo Teatro, conducido por Alejandra Boero y Pedro Asquini; Los Independientes, fundado por Onofre Lovero; a los que se sumó la producción del Instituto de Arte Moderno (IAM), de la Organización Latinoamericana de Teatro (OLAT), del Teatro Telón o del Teatro Estudio, encontraron su réplica en el interior del país.

En 1949, Carlos Gorostiza (El Pan de la Locura, Los Prójimos, El Acompañamiento) estrenó El Puente. A esta segunda etapa corresponden también las primeras producciones de autores como Pablo Palant (El Escarabajo), Juan Carlos Ghiano (La Puerta del Río; Narcisa Garay, Mujer para Llorar), Juan Carlos Gené (El Herrero y el Diablo) y Osvaldo Dragún (La Peste viene de Melos; Historias para ser Contadas).

Los ´60, años de cambio y de cuestionamientos sociales, éticos y estéticos, produjeron una renovación en la escritura teatral y en la puesta en escena, que se perfilará en tres direcciones diferentes:

El teatro de vanguardia y experimentación, a la luz de las búsquedas iniciadas en el Instituto Di Tella, con las producciones de Eduardo Pavlosky (Espera Trágica, El Señor Galíndez) y de Griselda Gambaro (El Desatino, El Campo), que vigorizaron nuestra escena;

El realismo social, representado por Soledad para Cuatro de Ricardo Halac, Nuestro Fin de Semana de Roberto Cossa o Réquiem para un Viernes a la Noche de Germán Rozenmacher;

El nuevo grotesco, representado por La Fiaca de Ricardo Talesnik, La Valija de Julio Mauricio o La Nona del propio Cossa.

También en aquella época cobró auge el café concert, que incluía música, varieté y sketches diversos y que tuvo su centro en La Botica del Ángel de Eduardo Bergara Leumann o La Recova, donde se impusieron Carlos Perciavalle, Antonio Gasalla y Edda Díaz.

Teatro Abierto

Con la dictadura militar de mediados de los años ´70, soplaron aires sombríos. Muchos actores y gente del oficio se vieron obligados a emigrar, los empresarios sólo llevaron a escena comedias livianas y en los teatros oficiales se impusieron “listas negras” que influyeron en directores y productores.

La resistencia se recluyó en pequeños teatros y fue el movimiento independiente el que oxigenó el ambiente: autores como Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Carlos Somigliana (El Avión Negro, El ex alumno) y Carlos Gorostiza, con el apoyo de otros dramaturgos y actores, crearon Teatro Abierto, inaugurado el 28 de julio de 1981 en el Teatro del Picadero. Desde la primera función la convocatoria desbordó las 300 localidades previstas en un horario insólito y a un precio exiguo. Una semana después un comando de la dictadura incendió la sala y esto provocó la mayor solidaridad social. Casi veinte dueños de salas, incluidas las más comerciales, se ofrecieron para garantizar la continuidad del ciclo y más de cien pintores donaron sus obras para recuperar las pérdidas. Teatro Abierto continuó y cada función fue un acto antifascista cuya repercusión estimuló a otros artistas y así surgieron, a partir de 1982: Danza Abierta, Poesía Abierta y Cine Abierto.

El Regreso a la Democracia

El retorno democrático permitió el surgimiento de nuevas búsquedas. Un teatro trasgresor modificó la estética escénica a partir de las experiencias del Parakultural, que incorporó otros lenguajes, en especial, el humor corrosivo y crítico. Son figuras de este movimiento La Organización Negra (antecedente de De La Guarda), El Clú del Clawn, Batato Barea, Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese y Alejandra Flechner, por citar sólo algunos.

El fin de siglo heredó estas propuestas y ofrece además un teatro basado en una mayor destreza física del actor, al que acompañan títeres y muñecos. El caso más emblemático es el de El Periférico de Objetos.

El Teatro Hoy

Actualmente el teatro sigue siendo una actividad muy fecunda en la Argentina.

En cuanto a la dramaturgia, puede decirse que se ha consolidado la producción, a partir de la obra de figuras como Ricardo Monti (Maratón), Mauricio Kartun (Chau Misterix), Eduardo Rovner (Sócrates, el Encantador de Almas), Jorge Goldenberg (Cartas a Moreno), Bernardo Carey (Bar Grill), Roberto Perinelli (Landrú, Asesino de Mujeres), Víctor Winer (Postal de Vuelo), Alejandro Tantanian (Juegos de Damas Crueles) y José Luis Arce (La Conspiración Amarga). Han surgido nuevos talentos como Daniel Veronese (La Noche devora a sus Hijos), Enrique Morales (Huellas), y Javier Daulte (Marta Stutz).

Las mujeres, por su parte, comienzan a ser justamente reconocidas por su quehacer. Al nombre siempre vigente e innovador de Griselda Gambaro, pueden sumarse los de Alicia Muñoz (Un León bajo el Agua), Susana Gutiérrez Posse (Brilla por Ausencia), Adriana Cursi (¿Quién espera a Papá Noel?), Cristina Escofet (Señoritas en Concierto), Patricia Zangaro (Las Razones del Bosque), Amancay Espíndola (Mujeres de Colores), Andrea Garrote (La Ropa), Cecilia Propato (Pieza Veintisiete) y Mariana Trajtenberg (Mar de Margaritas).

 

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